viernes, 3 de octubre de 2014

LLEGO LA HORA DE LA LIMPIEZA


TRAPO  de  INMUNDICIA


Recientemente mientras leía en mi habitación, alguien cercano entró y de manera sorpresiva espetó en mi cara, que yo era una inmundicia. Debo admitir que en otro tiempo y circunstancia habría ripostado de inmediato y hasta con grosería. Pero en esta oportunidad suspendí la lectura y mis pensamientos me llevaron rápido a Isaías 64, más precisamente al verso sexto, donde el profeta escribió: “…Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…”

Me tranquilicé y me dije, bueno, no me queda otra alternativa que lavarme y limpiarme, si tal es la imagen que proyecto. En un momento comprendí la importancia de asearme no sólo física sino espiritualmente día tras día. No basta con mirarse en el espejo y acicalarse exteriormente, hay que limpiar el corazón y la mente, para eliminar todo rastro de disensiones, contiendas, hipocresía, mentiras y engaños; malos pensamientos, prejuicios y soberbia. Los hábitos y costumbres propias de la carnalidad humana trascienden hacia el pecado y nuestro accionar diario y rutinario en múltiples ocasiones nos hacen perder el sentido de la realidad y de manera lenta e inexorable vamos apartándonos del camino claro y seguro, para trasegar errando por oscuros senderos de rebeldía, prevaricaciones, concupiscencias y maldad.

Los creyentes y conversos en Cristo no podemos darnos el lujo de permanecer quietos bajo la sombra de la seguridad alcanzada por el hecho de ser salvos. Satanás que no descansa, conoce bien la debilidad del hombre y no escatimará esfuerzos en apartar una que otra oveja del rebaño cada vez. La pecaminosa naturaleza humana inclinada de por sí a la desobediencia, es una fuente inagotable de oportunidades para el programa del ángel caído. Así los creyentes estemos limpios de una vez por todas por el lavamiento de la regeneración, debemos hacer confesión permanente de día y de noche de nuestros pecados cometidos en el caminar diario por este mundo corrompido y pecaminoso. Así pues, y conforme con Santiago 1:21, “…debemos desechar toda inmundicia y abundancia de malicia, y buscar constantemente la salvación de nuestras almas…”

Desde esta perspectiva, considero un gran favor y no un insulto, el haber sido llamado inmundo. Fue toda una amonestación. A futuro deberé prestar mayor atención y cuidado frente a mi manera de pensar y de mi forma de hablar, de mi andar y de mi actuar, y hasta de mi manera de confrontar al mundo. La clave está en seguir 1a de Tesalonicenses 4:7, "...Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación..."

Bien lo indicó Pablo a los Efesios en el capítulo quinto, versículos tres, cuatro y cinco: “…Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aún se nombre entre vosotros…”, “…ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías que no convienen…”, “…porque sabed esto: que ningún fornicario, o inmundo.  O avaro, que es idólatra; tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios…”

Por último, y adportas del inminente advenimiento del Señor Jesús por segunda vez; me acojo a la Palabra de Dios establecida en Apocalipsis 21:27, para aquellos quienes queremos entrar en la santa ciudad de Jerusalén: “…No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero…” De mi parte, espero confiadamente el momento de recibir de manos del Hijo del Hombre, la piedrecita blanca con mi nuevo nombre inscrito en ella y comer del maná escondido, bajo la atenta mirada del Espíritu Santo de Dios, tal y como está escrito en Apocalipsis 2:17.


¡Quiero ser un Vencedor, no una Inmundicia



Fabio Humberto Molano Olmos
Bogotá D.C., 3 de octubre de 2014

miércoles, 1 de octubre de 2014

DIPLOMACIA INFRUCTUOSA

Discurso de Benjamín Netanyahu, Primer Ministro de Israel, ante la 69ª Asamblea General de las Naciones Unidas en New York.                            (Septiembre 26 de 2014)




Señor Presidente, Damas y Caballeros:


Hace cerca de 62 años, las Naciones Unidas reconocieron el derecho de los judíos, un antiguo pueblo de 3.500 años de edad, de tener un estado propio en su patria ancestral. Hoy estoy aquí como el Primer Ministro de Israel, el estado judío, y les hablo en nombre de mi país y mi pueblo.

Las Naciones Unidas fueron fundadas después de la carnicería de la 2ª Guerra Mundial y los horrores del Holocausto. Se le encomendó la prevención de la recurrencia de tales horrendos eventos. Nada ha minado esa misión central más que el sistemático asalto a la verdad.

Ayer, el Presidente de Irán estuvo en este mismo podio, vomitando su último despropósito antisemita. Sólo hace unos pocos días, nuevamente alegó que el Holocausto es una mentira. El mes pasado, fui a una villa en un suburbio de Berlín llamado Wannsee. Ahí, el 20 de enero de 1942, después de una buena comida, importantes funcionarios nazis se reunieron y decidieron cómo exterminar al pueblo judío. Las detalladas actas de esa reunión han sido preservadas por sucesivos gobiernos alemanes. Aquí está una copia de esas actas, en las cuales los nazis expidieron instrucciones precisas de cómo llevar a cabo la exterminación de los judíos. ¿Es esto una mentira?

Un día antes de que estuviera en Wannsee, en Berlín me dieron los planos de construcción originales del campo de concentración Auschwitz-Birkenau. Esos planos están firmados por el propio Heinrich Himmler, vice de Hitler. Aquí está una copia de los planos para Auschwitz-Birkenau, donde un millón de judíos fueron asesinados. ¿Esto también es una mentira?

Este junio, el Presidente Obama visitó el campo de concentración de Buchenwald. ¿El Presidente Obama rindió tributo a una mentira? ¿Y que hay con los sobrevivientes de Auschwitz cuyos brazos llevan todavía marcados en ellos los números tatuados por los nazis? ¿Esos tatuajes son mentiras? Un tercio de todos los judíos perecieron en la conflagración. Casi cada familia judía fue afectada, incluyendo la mía. Los abuelos de mi esposa, dos hermanas y tres hermanos de su padre, y todas sus tías, tíos y primos, todos fueron asesinados por los nazis. ¿Eso también es una mentira?

Ayer, el hombre que denomina al Holocausto una mentira, habló desde este podio. Para aquellos que rehusaron venir y para aquellos que abandonaron esta sala en protesta, mis elogios. Se erigieron en aras de una claridad moral y llevaron honor a sus países. Pero aquellos que prestaron oídos a este negador del Holocausto les digo, en nombre de mi pueblo, el pueblo judío, y de los pueblos decentes de todas partes: ¿No tienen vergüenza? ¿No tienen decencia? Sólo seis décadas después del Holocausto, le dan legitimidad a un hombre que niega que el asesinato de seis millones de judíos tuviera lugar y promete borrar al estado judío.

¡Qué desgracia! ¡Qué burla a la carta de las Naciones Unidas! Quizás algunos de ustedes piensen que este hombre y su odioso régimen amenaza sólo a los judíos. Están ustedes equivocados. La historia nos muestra una y otra vez que lo que comienza con ataques a los judíos, finalmente termina envolviendo a muchos otros. Este régimen iraní está alimentado por un extremo fundamentalismo que apareció en la escena mundial hace tres décadas, después de mantenerse dormido durante siglos. En los pasados treinta años, este fanatismo ha barrido al globo con violencia asesina y con una imparcial sangre fría en la elección de sus víctimas. De forma cruel e indiscriminada mató salvajemente a musulmanes y cristianos, a judíos e hindúes, y a muchos otros.

Aunque compuesto por diferentes ramas, los adherentes a este nada indulgente credo, buscan retrotraer a la humanidad a los tiempos medievales. Ahí donde pueden, imponen una atrasada sociedad regimentada, donde las mujeres, las minorías, los homosexuales o cualquiera no considerado como un verdadero creyente, es brutalmente subyugado. La lucha contra este fanatismo abyecto no enfrenta fe contra fe, ni civilización contra civilización.

Enfrenta a la civilización contra la barbarie, el siglo XXI contra el siglo IX, a aquellos que santifican la vida contra aquellos que glorifican la muerte. Este primitivismo del siglo IX no debería tener lugar para el progreso del siglo XXI. El encanto de la libertad, el poder de la tecnología, el alcance de las comunicaciones deberían, seguramente, triunfar. En última instancia, el pasado no puede triunfar sobre el futuro. Y el futuro ofrece a todas las naciones magníficas recompensas de esperanza. La senda del progreso crece exponencialmente. Nos tomó siglos llegar de la imprenta al teléfono, décadas llegar del teléfono a la computadora personal, y sólo algunos años llegar de la computadora personal a Internet.

Lo que parecía imposible hace unos pocos años, ya está pasado de moda, y apenas podemos entender los cambios que están todavía por venir. Descifraremos el código genético. Curaremos lo incurable. Prolongaremos nuestras vidas. Encontraremos una alternativa barata para los combustibles fósiles y limpiaremos el planeta. Estoy orgulloso que mi país, Israel, va a la vanguardia de estos avances liderando innovaciones en ciencia y tecnología, medicina y biología, agricultura y agua, energía y el medio ambiente. Estas innovaciones, en el mundo entero, ofrecen para la humanidad en su conjunto, un soleado futuro de inimaginable promesa.


Pero si el más primitivo fanatismo puede obtener las más mortales armas, la marcha de la historia podría revertirse por un tiempo. Y así como la tardía victoria sobre los nazis, las fuerzas del progreso y la libertad prevalecerán sólo después de que una horrorosa cuota de sangre y fortuna haya sido arrancada de la humanidad. Esa es la razón por la que la mayor amenaza que enfrenta el mundo hoy en día es el maridaje entre el fanatismo religioso y las armas de destrucción masiva.

El más urgente desafío que enfrenta esta institución es impedir que los tiranos de Teherán obtengan armas nucleares. ¿Están los estados miembros de las Naciones Unidas preparados para este desafío? ¿Confrontará la comunidad internacional al despotismo que aterroriza a su propio pueblo mientras éste se alza valientemente por la libertad? ¿Ejercerá alguna acción contra los dictadores que robaron una elección a plena luz del día y bajaron a balazos a manifestantes iraníes que murieron en las calles ahogándose en su propia sangre? ¿La comunidad internacional frenará a los más perniciosos patrocinadores y profesionales del terrorismo? Sobre todo ¿La comunidad internacional frenará al régimen terrorista de Irán en su desarrollo de armas atómicas que, de ese modo, pone en peligro la paz del mundo entero? El pueblo de Irán se está alzando con coraje contra este régimen. La gente de buena voluntad alrededor del mundo está de su lado, así como lo han hecho los miles que han protestado fuera de esta sala. ¿Las Naciones Unidas se colocarán de 
su lado?

Damas y Caballeros, el jurado está todavía fuera de las Naciones Unidas, y las recientes señales no son alentadoras. En lugar de condenar a los terroristas y sus patrocinadores iraníes, algunos aquí han condenado a sus víctimas. Eso es exactamente lo que hizo un reciente informe sobre Gaza, igualando falsamente a los terroristas con aquellos que eran sus blancos. Durante ocho largos años, Hamas disparó desde Gaza miles de misiles, morteros y cohetes contra ciudades israelíes cercanas. Año tras año, mientras estos misiles eran deliberadamente lanzados contra nuestros civiles, ni una resolución de la ONU fue aprobada condenando esos criminales ataques. No oímos nada, -absolutamente nada-, del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, una institución con un nombre equivocado, si fue, que en alguna momento la hubo.


En 2005, con la esperanza de hacer progresar la paz, Israel se retiró unilateralmente de cada centímetro de Gaza. Desmanteló 21 asentamientos y desarraigó a más de 8.000 israelíes. No obtuvimos paz. En su lugar obtuvimos una base de terrorismo apoyada por Irán a ochenta kilómetros de Tel Aviv. La vida en poblados y ciudades israelíes cercanas a Gaza se convirtió en una pesadilla. Como ven, los ataques con cohetes de Hamas no sólo continuaron, se incrementaron diez veces. Pero nuevamente, la ONU se mantuvo en silencio.

Finalmente, después de ocho años de esta incesante agresión, finalmente Israel se vio forzado a responder. ¿Pero cómo debíamos responder? Bueno, sólo hay un ejemplo en la historia, de miles de cohetes siendo disparados sobre la población civil de un país. Ocurrió cuando los nazis dispararon cohetes sobre ciudades británicas durante la 2ª Guerra Mundial. Durante esa guerra, los aliados arrasaron ciudades alemanas, causando cientos de miles de bajas. Israel eligió responder en forma diferente. Enfrentado a un enemigo que cometía un doble crimen de guerra, disparando contra civiles mientras se escudaba detrás de civiles. Israel buscó efectuar ataques quirúrgicos contra los lanzadores de cohetes. Esa no fue una tarea fácil porque los terroristas disparaban misiles desde casas y escuelas, usando mezquitas como depósitos de armas y escondiendo explosivos en ambulancias. Israel, por el contrario, trataba de minimizar las bajas urgiendo a los civiles palestinos para que abandonaran las zonas de objetivos.

Lanzamos incontables volantes sobre sus casas, enviamos miles de mensajes de texto y llamamos a miles de teléfonos celulares pidiendo a la gente que se fuera, nunca un país ha llegado a tales extraordinarios extremos para evitar que la población civil del enemigo sea dañada. Aun así, enfrentado con un tan claro caso de agresor y víctima, ¿A quién decidió condenar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU? A Israel. Una democracia defendiéndose legítimamente contra el terrorismo es moralmente colgada, equiparada y descuartizada, y se la juzgó deslealmente para rematarla.

A través de estas retorcidas normas, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU habría arrastrado a Roosevelt y a Churchill al banquillo de los acusados como criminales de guerra. Qué perversión de la verdad. Qué perversión de la justicia. Delegados de la Naciones Unidas: ¿Aceptarán ustedes esta farsa? Porque si lo hacen, las Naciones Unidas volverá a sus más oscuros días, cuando los peores violadores de los derechos humanos estaban sentados juzgando a las democracias respetuosas de la ley, cuando el sionismo fue equiparado con el racismo y cuando una mayoría automática podía declarar que la tierra es plana. Si esta Institución no rechazara este informe, enviaría un mensaje a los terroristas en todas partes: el terrorismo paga; si lanzáis vuestros ataques desde áreas densamente pobladas, ganaréis inmunidad. Y condenando a Israel, esta Institución también le dará un golpe mortal a la paz. He aquí por qué.

Cuando Israel abandonó Gaza, muchos esperaron que los ataques con misiles acabarían, Otros creían que, por fin, Israel tendría legitimidad para ejercer su derecho a la auto defensa. ¿Qué legitimidad? ¿Qué auto defensa? La misma ONU que aclamó a Israel cuando abandonó Gaza y prometió apoyar nuestro derecho de auto defensa, ¿ahora nos acusa -a mi pueblo, a mi país-, de crímenes de guerra? ¿Y por qué? Por actuar responsablemente en defensa propia. ¡Qué parodia! Israel se defendió en forma justa contra el terrorismo. Este tendencioso e injusto informe es una prueba clara y evidente para todos los gobiernos. ¿Estarán con Israel o estarán con los terroristas? Debemos saber la respuesta a esa cuestión ahora. Ahora y no más tarde. Porque si a Israel se le pide nuevamente tomar más riesgos por la paz, debemos saber hoy que ustedes estarán con nosotros mañana. Sólo si tenemos la confianza de que podremos defendernos, podemos asumir más riesgos para la paz.

Damas y Caballeros, todo Israel quiere paz. En todo momento en que un líder árabe quiso genuinamente la paz con nosotros, hicimos la paz. Hicimos la paz con Egipto liderado por Anwar el-Sadat. Hicimos la paz con Jordania liderada por el Rey Hussein. Y si los palestinos quieren verdaderamente la paz, yo y mi gobierno, y el pueblo de Israel, hará la paz. Pero queremos una paz genuina, una paz defendible, una paz permanente. En 1947, esta institución votó el establecimiento de dos estados para dos pueblos –un estado judío y un estado árabe-. Los judíos aceptaron esa resolución. Los árabes la rechazaron. Les pedimos a los palestinos que, finalmente, hagan lo que han rechazado hacer durante 62 años: Digan sí a un estado judío. 
Así como se nos pide reconocer a una nación-estado para el pueblo palestino, a los palestinos se les debe pedir reconocer la nación-estado del pueblo judío. El pueblo judío no es un conquistador extranjero en la Tierra de Israel. Esta es la tierra de nuestros ancestros.

Inscripto en los muros exteriores de este edificio está la gran visión bíblica por la paz: “Nación no levantará espada contra nación. No sabrán de guerra nunca más”Estas palabras fueron dichas por el profeta judío Isaías hace 2.800 años mientras caminaba por mi país, por mi ciudad, en las montañas de Judea y en las calles de Jerusalén. No somos extraños en esta tierra. Es nuestra patria. Tan profundamente conectados como estamos con esta tierra, reconocemos que los palestinos también viven ahí y quieren un hogar propio. Queremos vivir lado a lado con ellos, dos pueblos libres viviendo en paz, prosperidad y dignidad. Pero debemos tener seguridad. Los palestinos deberían tener todos los poderes para gobernarse a sí mismos, excepto aquel puñado de poderes que podrían poner en peligro a Israel. Esa es la razón por la cual un estado palestino debe ser efectivamente desmilitarizado. No queremos otra Gaza, otra base terrorista, apoyada por Irán, colindando con Jerusalén y posada en las montañas a pocos kilómetros de Tel Aviv. Queremos paz.

Creo que una tal paz puede lograrse. Pero sólo si desmantelamos las fuerzas del terrorismo, dirigidas por Irán, que busca destruir la paz, eliminar a Israel y derrocar el orden mundial. La cuestión que enfrenta la comunidad internacional es si está preparada para confrontar esas fuerzas o darles cabida. Hace más de setenta años, Winston Churchill lamentó lo que él llamó la “confirmada imposibilidad de aprendizaje de la humanidad”, el desafortunado hábito de las sociedades civilizadas de dormir hasta cuando el peligro ya casi los supera. Churchill se lamentaba de lo que él llamaba “la falta de previsión, la falta de voluntad para actuar cuando la acción sería simple y efectiva, la falta de pensamiento claro, la confusión en aconsejar hasta que llega la emergencia, hasta que la auto preservación golpea el discordante gong”. Hoy, hablo aquí con la esperanza de que la evaluación de Churchill de la “imposibilidad de aprendizaje de la humanidad” por una vez pruebe ser incorrecta. Hablo hoy aquí con la esperanza de que podemos aprender de la historia, que podemos prevenir el peligro a tiempo.

En el espíritu de las eternas palabras dichas por Josué hace más de 3.000 años, seamos fuertes y valerosos. Confrontemos este peligro, aseguremos nuestro futuro y, con la ayuda de Dios forjemos una Paz duradera para las futuras generaciones.

“Dios le de coraje a su Pueblo y que lo bendiga con la Paz”.



Transcripción desde Radio JAI 96.3
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Por: Fabio Humberto Molano Olmos
Bogotá D.C., 1° de octubre de 2014
Jerusalén, Tishrei  7 de 5775

sábado, 6 de septiembre de 2014

LA ZAGA DE CORNELIO


Primer gentil en ser bautizado en la fe cristiana (Hechos 10). Tras la conversión de éste centurión romano junto con su familia y los hombres bajo su mando, cientos de soldados romanos siguieron su ejemplo. He aquí un breve relato inspirado en esa época del imperio.


CUARENTA LUCHADORES




En los días cuando la pasión de Nerón era masacrar y acabar con los cristianos, el emperador romano tenía un grupo de soldados que se llamaban "Los luchadores del Emperador". Eran cuarenta hombres robustos, de los más fuertes y de los más valientes, reclutados entre los mejores atletas de los juegos romanos. Antes de cada juego, los cuarenta se paraban delante del trono del emperador y por todo el anfiteatro dejaban resonar su canto: "Nosotros, los luchadores, luchamos por ti, Emperador, para ganar para ti la victoria y para recibir de ti la corona del vencedor."

Cuando César mandó su gran ejército a Galia, no hubo soldado más valiente, ni más fiel que los del grupo de los luchadores. Estuvieron bajo el mando de un centurión romano. Llegaron al oído de Nerón las noticias de que la fe cristiana que no conocía fronteras ni barreras, había penetrado en las filas de los luchadores, y que algunos de ellos se habían convertido al cristianismo. Convertirse al cristianismo en aquel tiempo era esperar la sentencia de muerte. Ni para el más alto servidor del emperador hubo excepción.

Al centurión de los cuarenta le fue dada la orden de matar a cualquier profesante de la fe cristiana. El mensaje fue recibido en pleno invierno. Los soldados se hallaron en su campamento a las orillas de un lago que se encontraba completamente congelado. El intenso frío, la inclemencia del tiempo y los trabajos ocasionados por estos, habían servido para unir el ánimo y los corazones de los soldados y su centurión. Con gran tristeza él leyó la orden del emperador. Pero para él la palabra máxima era deber. Por lo tanto él juntó a sus soldados y les hizo la pregunta y la orden: "¿Hay entre vosotros quien haya aceptado la fe cristiana? Si hay, que el tal dé un paso al frente."

Los cuarenta luchadores se adelantaron dos pasos, se pusieron firmes y saludaron a su jefe. El centurión se detuvo un rato. Para él fue una gran sorpresa el número tan elevado. Les dijo: "Del Emperador es la orden: Muerte para todo profesante de la fe cristiana." Continúo diciendo: "Por amor a vuestra patria, a vuestros compañeros y a vuestras amadas familias, os ruego renunciar a esa nueva fe."

Ninguno de los cuarenta se movió. "Hasta la puesta del sol os doy para considerar la pregunta. Al fin del día, se hizo por segunda y por última vez la pregunta: "Hay entre vosotros algún profesante de la fe cristiana? Si lo hay, que el tal dé un paso al frente." Otra vez los cuarenta se adelantaron y se pusieron firmes.

El centurión con súplicas y ruegos, hizo el intento de persuadir a los hombres que se retractaran de su fe, Ninguno lo hizo. Entonces él les dijo: "La orden del Emperador queda en pie. Forzosamente la tengo que cumplir. Pero no quiero que la sangre vuestra sea sobre vuestros compañeros. Os mando que marchéis sobre el lago congelado y os quedéis allí hasta renunciar a vuestra fe o perecer. Os dejaré a la merced de la naturaleza. El fuego se quedará ardiendo en la orilla del lago, esperando a los que repudien esa fe."

Los caurenta luchadores fueron desnudados, y sin decir palabra alguna dieron media vuelta, se formaron en fila de cuatro en cuatro y juntos marcharon sobre el hielo del lago congelado. Mientras se alejaban de la playa, unieron sus voces y cantaron una nueva versión del canto de la arena: "Cuarenta luchadores, luchamos por ti, oh Cristo, para ganar para ti la victoria y para recibir de ti la corona del vencedor."

Durante las largas horas de la noche, el centurión mantuvo su fuego ardiendo en la orilla del lago. El canto de los luchadores moribundos resonaba en el frío y en el silencio de la noche, pero cada vez se escuchaba más suave.

Casi al amanecer del nuevo día, un pobre, vencido por el frío, se acercó al fuego y renunció a su fe. Ahora suave pero claramente se oía otra versión del canto. "Treintinueve luchadores, luchamos por ti, oh Cristo, para ganar la victoria para ti y recibir de ti la corona del vencedor."

El centurión miró la figura del pobre desertor y escuchó de nuevo el canto de los luchadores. La luz de un nuevo amanecer disipó las tinieblas de su alma. Se quitó su armadura, se desnudó, pegó un salto, marchó sobre el lago congelado y mientras se acercaba a los treinta y nueve valientes, cantó junto con ellos la primera versión de su canto: "Cuarenta luchadores, luchamos por ti, oh Cristo, para ganar la victoria y recibir de ti la corona del vencedor."

Adaptación de The Youth Compass 
Fabio Humberto Molano Olmos
Bogotá D.C., 23 de septiembre de 2013



Importantes lecturas complementarias: Mateo 8:5-13 y Lucas 7:1-10



viernes, 5 de septiembre de 2014

PERSONAJES OLVIDADOS DE LA HISTORIA


JULIANO Y AGATAN


En los libros de historia que refieren a la antigua Roma se lee que, Agatán era un joven romano que tenía un amigo llamado Juliano. Los dos habían crecido juntos, jugado juntos y estudiado juntos durante su niñez,  adolescencia y juventud. Con el tiempo, Juliano llegó a convertirse en el emperador de Roma y fue conocido como el emperador apóstata. Odiaba a Cristo y a los cristianos, y trató de eliminar el cristianismo practicando y promoviendo la reinstauración del paganismo grecorromano. Agatán, frecuentemente era objeto de burlas por parte de su amigo Juliano, dada su condición de cristiano converso.

Siendo ya emperador, hacía el año 362, en alguna ocasión Juliano, quiso poner en ridículo la fe de su amigo y le preguntó irónicamente: ¿Agatán, y como le va a tu carpintero de Nazaret. Tiene suficiente trabajo como para subsistir? A lo que Agatán, muy seguro de sí mismo, le respondió: “…Si Juliano, mi carpintero de Nazaret, como tú le llamas, tiene más que suficiente trabajo. De hecho, en este mismo momento está terminando el ataúd, en el cual te enterrará a ti y sepultará a todo tu imperio…”

Sin saberlo, con su valiente y osada respuesta Agatán, anunciaba proféticamente el final de Juliano. El reinado del emperador apóstata, fue breve y desastroso. Rigió los destinos de la decadente Roma imperial tan sólo un año, siete meses y veintitrés días. Murió en el campo de batalla un 26 de junio de 363, vadeando el rio Tigris, atravesado por una jabalina lanzada por un soldado persa y su imperio fue devastado. Paradójicamente, le sucedió en el trono, un oficial cristiano: Joviano.

El imperio romano de occidente cayó en el año 476. Pero, dos mil catorce años después, el imperio de Jesucristo prevalece y el carpintero de Nazaret sigue construyendo ataúdes para sus enemigos.


Fabio Humberto Molano Olmos

Bogotá D.C., enero 10 de 2014

CRIMENES SINIESTROS CONTRA LA HUMANIDAD


LOS  MAESTROS  DEL  CRIMEN


He tenido la grata oportunidad de departir un breve momento con ustedes la noche inmediatamente anterior y me he animado a compartirles estas notas que espero les animen a investigar en profundidad. Sobre todo me alegra el saber que se agita en su interior la necesidad de conocimiento frente a la historia de la humanidad y de los actores que de una u otra forma han incidido en el curso de la historia. Hoy sólo quiero mencionarles tres factores, que de golpe abordamos muy superficialmente, pero, que sin lugar a dudas continúan afectando gravemente el desarrollo de las naciones y de la humanidad.

1.    El Tribunal del Santo Oficio y los Jesuitas
2.    El Vaticano (Ustashi  vs. Ortodoxos)
3.    Comunismo y Nazismo (La cuestión Judía)

El tribunal del Santo Oficio fue creado en 1478, siendo en fraile dominico Tomás de Torquemada su principal exponente. La gente cree que la Inquisición es cuento del pasado y que ya no existe, pero aún esta vivita y coleando. Es responsable por la vida de millones de personas, católicos, protestantes, judíos, gitanos, ortodoxos, comunistas, socialistas, musulmanes e indígenas, entre otros. Entre tanto, el militar Iñigo López de Recalde (más conocido como San Ignacio de Loyola), fundó la Orden Jesuita que en 1540 recibió la bendición Papal. Iñigo fue un genio satánico. Creo un ejército de sacerdotes dedicados de tiempo completo a la defensa del Vaticano. Los jesuitas capturaron y destruyeron naciones. Iniciaron guerras y asesinaron a reyes y presidentes, incluido Abraham Lincoln. El Vaticano siempre ha querido por siglos apoderarse de Jerusalén, para establecerse allí, pero se encontraron siempre con un escollo insalvable: Los Judíos. (Problema N° 1)

Entre 1890 y 1900, la Francia revolucionaria y la Rusia zarista,  firmaron importantes acuerdos militares y políticos, asunto que enojó bastante al Vaticano. Mientras tanto, el poder de la iglesia ortodoxa se extendía a Bulgaria, Grecia, Rumania, Turquía y la Yugoslavia Serbia, bajo la mirada complaciente y protectora del Zar de Nicolás II de Rusia. El papa y los jesuitas estaban furiosos, pues Francia había estado entre su lista de enemigos desde que destronaron a su rey católico Luis XVI, para convertirse en república. El Vaticano tenía pues que dominar a Francia (Problema N° 2), y eliminar la competencia religiosa ortodoxa en los Balcanes (Problema N° 3). La solución era sencilla: los jesuitas prepararían la primera guerra mundial. Así pues planearon y ejecutaron la muerte del archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio Austro-Húngaro, en Sarajevo, capital de la provincia de Bosnia-Herzegovina. De inmediato la Alemania católica declaró la guerra, invadió Francia y declaró la guerra a Inglaterra y Rusia. El Vaticano se valió de Alemania y su ejército imperial en cabeza del káiser Wilheim. Sin que lo supiera el pueblo alemán; el papa Pio X y los jesuitas habían sacrificado a la Alemania católica, al káiser y a su gobierno, con el objeto de iniciar una nueva inquisición. La guerra duro cuatro largos años, de 1914 a 1918. Europa quedó en ruinas. Murieron más de diez millones de hombres y otros veinte millones quedaron heridos y mutilados. Alemania, el Vaticano y los jesuitas perdieron la guerra y tuvieron que firmar el tratado de Versalles en 1919. Lo peor de todo fue que ninguno de los tres problemas fue resuelto. Los judíos, los franceses y la iglesia ortodoxa de oriente salieron fortalecidos, y como los jesuitas nunca perdonan, ni se dan por vencidos, ya estaban planeando la segunda guerra mundial.

Centraron pues, todos sus esfuerzos en crear la revolución rusa y para ello se valieron de prestantes figuras como Marx, Engels, Trotsky, Lenin y Stalin, dando forma al partido comunista. A partir de ese momento el Comunismo sería la punta de lanza para destruir a los enemigos de la iglesia católica, apostólica y romana. El primer golpe consistiría en derrocar y eliminar de una vez por todas a los zares de Rusia, asunto que lograron resolver al poner en marcha la revolución de los soviets, que hizo abdicar al zar. El protector de la iglesia ortodoxa finalmente estaba frente a sus verdugos, los jesuitas, quienes en un juicio sumarial secreto, condenaron al zar y a toda su familia a muerte. Fueron llevados a Yekaterinbug, en los Urales, donde los siete integrantes de la familia real fueron asesinados a sangre fría. Subieron los cadáveres a un camión y los trasladaron a una mina llamada “Los cuatro hermanos”, donde fueron descuartizados, rociados con ácido, quemados y arrojados a un pozo de la mina abandonada. Para el Vaticano esta fue una gran victoria. Entre tanto, el Vaticano había fletado el famoso “Tren sellado”, que en 1917 salió secretamente de Alemania con Lenin y sus revolucionarios y con el oro del papa para financiar la revolución comunista. En 1928 Lenin logró el control de Rusia. Enseguida se desató una persecución sin cuartel contra los patriarcas, líderes religiosos, sacerdotes, monjes y monjas de la iglesia ortodoxa rusa. Se atacaron monasterios, conventos e iglesias con grandes matanzas. Pero el patriarca ortodoxo ruso tenía un as bajo la manga. Cuando los comunistas llegaron por él, les salió al encuentro saludándolos e indicándoles que eran camaradas bienvenidos y que él les entregaría el oro y las riquezas que el zar le había ordenado que guardara. Los comunistas quedaron estupefactos. Bajaron las armas, aceptaron el oro y la amistad del patriarca y ordenaron que cesaran inmediatamente las ejecuciones de los líderes y fieles. Una vez más la iglesia ortodoxa estaba a salvo. Los comunistas no sólo recibieron el oro del zar, ¡sino que se quedaron también con el oro del papa! Se calcula que el oro del papa, que llegó a Rusia a través de Alemania, valía para la fecha, la no despreciable suma de US$666.000.000.00, riqueza que hasta hoy continua en las arcas del estado ruso. Cuando el papa se enteró, por poco le da un ataque al corazón. Sus propios comunistas, lo habían traicionado. Y uno de los problemas que en principio creyeron solucionado, nuevamente estaba de vuelta: la iglesia ortodoxa de oriente aún vive y es sólida. Ante esta tragedia, los jesuitas echaron a rodar la estrategia para una nueva inquisición. La proxima vez irían por los herejes judíos, ortodoxos, protestantes y comunistas. La segunda guerra mundial empezó a gestarse en los amplios salones del vaticano y contaría con tres devotos católicos: Adolfo Hitler, Benito Mussolini y Francisco Franco.

Así pues, tras el ascenso de Hitler al poder, la maquinaria de guerra del Tercer Reich, echó a andar. Todo estaba listo para que la sangre corriera por todo el mundo en una nueva guerra santa. La inquisición estaba en camino. El 1° de septiembre de 1939, el ejército nazi, invadió Polonia y de manera inmediata Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania. Cabe anotar que una semana antes del inicio de la guerra, el 23 de agosto de 1939 Hitler y Stalin firmaron un acuerdo de no agresión y la manera en que se repartirían Polonia y otras naciones del Báltico. Nadie se imaginaba un acuerdo nazi-comunista, pues era como combinar el agua con el aceite, pero para los jesuitas esto hacia parte de su estrategia de guerra. La traición de Hitler a Stalin se cristalizó el 22 de junio de 1941, cuando el ejército alemán invadió la Unión Soviética, atacando Leningrado y Moscú, con la intención de acabar con el comunismo de una vez por todas y recuperar el oro del Vaticano, custodiado por la iglesia ortodoxa de Rusia.

Como Napoleón, Hitler no pudo conquistar a Rusia. Los soldados alemanes morían por millares congelados en el campo de batalla, los tanques y vehículos de abastecimiento  quedaron enterrados en lodazales y la fuerza aérea no pudo volar dadas las pésimas condiciones climáticas del invierno ruso. Finalmente el 31 de enero de 1943, el todopoderoso ejército alemán inició la retirada completamente derrotado. Una vez más los jesuitas y el Vaticano fracasaron en su intento de acabar tanto con el comunismo, como con la iglesia ortodoxa. Entre tanto Hitler y su horda de asesinos de las S.S., aceleraban la llamada “Solución Final”, que consistió en el asesinato sistemático de por lo menos seis millones y medio de judíos, muertos en cámaras de gas, en los campos de concentración diseminados por todo el frente oriental y el centro de Europa. En el fondo fue una miserable victoria para la iglesia católica, pues a pesar del genocidio en contra del pueblo judío, la nación de Israel resurgió de las cenizas el 14 de mayo de 1948 bajo el auspicio de la ONU, con Jerusalén como ciudad capital. El Vaticano jamás logró su propósito de establecer su sede en la ciudad santa y el papa nunca pudo sentarse en el solio de San Pedro en territorio judío. A fecha de hoy, el Vaticano nunca ha reconocido a Israel como nación. Esto fue una durísima y doble derrota para los jesuitas y para el Vaticano. Por si acaso, y siendo los jesuitas “maestros del engaño”, reunieron a más de mil judíos católicos romanos y los ocultaron bajo las colinas del Vaticano mientras duró la guerra. El Vaticano siempre se ha cuidado de protegerse frente a eventuales fracasos y de ese modo, al final de la guerra proclamaron al mundo que habían protegido a los judíos del odio de Hitler y de los nazis. Por fortuna nadie aceptó esa historia y los crímenes de guerra de las S.S., de la Gestapo y de la Ustashi, salieron a la luz pública.

Además del asesinato indiscriminado de millones de judíos, serbios, gitanos, comunistas, negros, minusválidos, enfermos mentales y homosexuales, los nazis centraron sus esfuerzos criminales en erradicar todo vestigio de protestantismo en Europa. Absurdo si se considera que la Reforma precisamente nació y se fortaleció en Alemania bajo la visión tutelar de Martín Lutero. Tras la invasión de Normandía por parte de los aliados, la derrota de Hitler sólo era cuestión de tiempo. Pronto cayó ajusticiado por los partisanos el “Duce” Benito Mussolini e Italia se libró de este criminal dictador católico. El Vaticano ni se pronunció sobre su muerte. La Gestapo que no era otra cosa que un grupo de asesinos conforme a los principios de la orden jesuita, se dio a la tarea de atrapar y asesinar ciudadanos alemanes opuestos al nazismo y a la guerra. Miles de protestantes confesos que oraban por el final de la guerra y por los judíos y otras minorías étnicas, fueron enviados a campos de concentración y asesinados. En Yugoslavia, miembros de la iglesia ortodoxa griega, fueron masacrados por los crueles ustashis, que era un grupo organizado y dirigido por los jesuitas. Las monstruosas torturas y masacres que infligieron a sus víctimas son impublicables. Cientos de jesuitas eran miembros activos de escuadrones de asesinos de la ustashi, que liderados por Andrija Artukovic, eliminaron a casi un millón de miembros de la iglesia ortodoxa.

Pronto el cerco sobre Alemania se hizo más estrecho y Hitler y sus esbirros nazis se atrincheraron en Berlín. El ejército rojo de Stalin fue el primero en llegar. En la polémica conferencia de Yalta (Crimea) Churchill, Roosevelt y Stalin, definieron el derrotero a seguir para el final de la guerra y la postguerra. Resultado de lo anterior Alemania fue dividida en cuatro sectores, uno para cada una de las potencias vencedoras: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética. Nadie imaginaba el drama que se viviría en Berlín de la postguerra, al construirse por parte de los soviéticos el muro de la infamia y que dividió a la nación alemana por años, bajo la mirada complaciente del mundo.

El dictador Stalin carga a sus espaldas con más de 60 millones de muertes, producto de los pogroms y crímenes desatados en Rusia después de su ascenso al poder en 1924, tras la muerte de Lenin; con el objeto de eliminar detractores políticos y antagonistas democráticos. Datos históricos le responsabilizan por la muerte de al menos siete millones de judíos rusos. Stalin es el segundo asesino más grande de la humanidad después de Mao Tse Tung, a quien se le señala de haber asesinado a setenta y cinco millones de chinos para la implantación y la consolidación del comunismo en la nación China. Hitler tiene a sus espaldas la muerte de veinte millones de seres humanos. Sin embargo, es preciso aclarar que la segunda guerra mundial dejó más de cincuenta y cinco millones de muertes. Inexplicable desde todo punto de vista, como un asesino, como Stalin pudo haber hecho parte de la conferencia de Yalta. Podrán observar que no he tocado para nada aspectos relevantes de la guerra secuencial que se desarrollaba en el lejano oriente con el imperio nipón, tras el ataque a Pearl Harbor por parte de Japón y que conllevo al ingreso a la guerra de los Estados Unidos. Como injustificable resulta ser, que un presidente protestante, Harry Truman, se haya atrevido a lanzar dos bombas atómicas sobre territorio japonés, cuando la guerra ya estaba prácticamente terminada.

Alemania se rindió el 8 de mayo de 1945. Hitler, el genocida católico se suicidó en su bunker. Europa quedó una vez más en ruinas. La ramera de Apocalipsis 17 estaba nuevamente en problemas. Uno de sus hijos (el Partido Nazi), el que había recibido el respaldo del papa Pio XII, había caído. Su otro hijo (el Partido Comunista), al cual ella odia, salía triunfador. China, Corea del Norte, Vietnam, Albania y Cuba, se convirtieron en naciones comunistas. Por ello los jesuitas deben sentirse gratificados, pero no el Vaticano, pues el polaco Karol Wojtyla, elegido papa por el Vaticano para negociar y transigir con la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), tras 24 años de papado fue incapaz de recuperar el oro del papa; aun cuando para ello se haya valido de presionar a Rusia gestando la guerra de la antigua Yugoslavia, con el único propósito de desmembrar una pujante nación regida con mano de hierro por el mariscal Tito. La balcanización de Yugoslavia dada su fragilidad política, étnica y religiosa, reavivo odios y rencillas que enfrentaron a serbios, voivodinos, montenegrinos, kosovares y macedonios ortodoxos, eslovenios y croatas católicos y bosnios-herzegovinos islámicos. Una nación de la noche a la mañana quedó fragmentada en siete países y una provincia autónoma.

El último hijo consentido del Vaticano (el Islam), se forjó con la única intención de derrotar a los judíos y apropiarse de tierra santa, plan que aún no se cristaliza y, que lenta pero inexorablemente está conduciendo a la humanidad hacia el Armagedón. De cualquier manera, Israel prevalecerá. Pregúntense por un momento, por qué han caído tantos gobiernos democráticos del cercano y medio oriente en manos del movimiento “hermanos musulmanes”. Tres grupos religiosos se pelean preeminencia: Los católicos, los musulmanes y los judíos. Lo cierto es que hay un solo Dios verdadero, su Hijo redentor de la humanidad, Jesucristo y el Espíritu Santo que da consuelo y sabiduría.

Espero que mis notas no les sean motivo de discordia o confrontación. Solo he querido hacer una abreviada versión de la historia de la humanidad y la tragedia a la que nos hemos sometido, por haber omitido consciente o inconscientemente el cumplir con la ley de Dios establecida en la Santa Biblia. Cuídense mucho y que Dios les bendiga.


Fabio Humberto Molano Olmos

Bogotá D.C., 4 de octubre de 2013

EL RESURGIMIENTO NACIONAL-SOCIALISTA


LAS DIEZ GRANDES MULTINACIONALES QUE APOYARON A LOS NAZIS


Durante la Segunda Guerra Mundial, la sucursal alemana de productos fotográficos Kodak utilizó mano de obra esclava de los campos de concentración. Varias de sus filiales europeas hicieron otros negocios con el gobierno nazi. Wilhelm Keppler, uno de los principales asesores económicos de Hitler, tenía profundos lazos con Kodak.

En la década de 1930, Hugo Boss comenzó a fabricar los uniformes nazis y consiguió un contrato para que las juventudes Hitlerianas, tropas de asalto y uniformes de las SS, vistieran su marca. 

Ferdinand Porsche, el hombre detrás de Volkswagen y Porsche, se reunió con Hitler en 1934, para discutir la creación de un "coche del pueblo" (Traducción al español de Volkswagen). Ferdinand Porsche, incluso tenía conexión directa con Heinrich Himmler, uno de los líderes de las SS, a quien le solicitaba directamente esclavos de Auschwitz y otros campos de exterminio, para trabajar en sus factorías. La Volkswagen Group de Alemania, es la 3ª empresa más grande del mundo a diciembre de 2013.

Durante el Holocausto judío, la empresa alemana IG Farben fabricó el gas Zyklon B utilizado en las cámaras de gas nazis. También financió y apoyo económicamente a Josef Mengele para sus "experimentos" clínicos con prisioneros en los campos de concentración. IG Farben fue la empresa que obtuvo mayores ganancias económicas tras su relación comercial con el régimen nazi. Después de la guerra, la compañía fue disuelta y Bayer que era una de sus divisiones, pasó a convertirse en empresa. 

Siemens utilizó la misma mano de obra judía esclavizada durante el Holocausto, para construir las cámaras de gas que luego les matarían a ellos y a sus familias. La Siemens de Alemania, es la 27ª empresa más sustentable del mundo a diciembre de 2013. 

Coca-Cola participó en ambos bandos durante la Segunda Guerra Mundial. Por un lado apoyaron a las tropas estadounidenses y sus aliados, pero también continuó elaborando la bebida gaseosa para los nazis. Coca-Cola Company de USA, es la 9ª empresa más valiosa del mundo a diciembre de 2013.

El industrial norteamericano Henry Ford era una leyenda antisemita, por lo que ésta tiene fundamento. Él era el más famoso respaldo exterior de Adolph Hitler. En su 75º cumpleaños, en 1938, Ford recibió una medalla nazi, diseñada por el Tercer Reich para los "extranjeros distinguidos". La Ford de USA, es la 34ª empresa más valiosa del mundo a diciembre de 2013.

IBM construyó maquinaria para los nazis, que se utilizó para realizar seguimiento a los suministros de petróleo y para la distribución de combustibles durante la guerra. La IBM de USA, es la 6ª empresa más valiosa del mundo a diciembre de 2013.


FABIO HUMBERTO MOLANO OLMOS
Bogotá D.C. 30 de mayo de 2014

miércoles, 27 de agosto de 2014

¿CRISTIANOS POR ACCIDENTE?

El ateo Richard Dawkins asegura que los cristianos existimos por “puro accidente”.

Richard Dawkins se ha caracterizado por promover el “nuevo ateísmo moderno”, una de sus muchas conferencias se ha vuelto viral porque argumenta que “uno es de una religión por un accidente geográfico” Un estudiante cristiano le planteaba qué pasaría si su ateísmo estuviese equivocado.

“¿Qué ocurre si me equivoco? Bueno, todos podemos estar equivocados; todos podríamos estar equivocados acerca del monstruo de espagueti volador, el unicornio rosa invisible y la taza de té voladora”.

“Doy por hecho -continuó diciéndole al estudiante-, que te has formado en la fe cristiana. Ya sabes lo que es no creer en una fe en particular porque no eres musulmán ni hindú. ¿Por qué no eres hindú? Porque resulta que te has educado en los Estados Unidos y no en India. Si hubieras nacido en India serías hindú, si hubieras nacido en Dinamarca en la época de los vikingos creerías en Wotan y Thor, si hubieras nacido en la Grecia clásica creerías en Zeus, si hubieras nacido en Centroáfrica creerías en el Gran Yuyu de la Montaña. No hay ninguna razón en particular para elegir al Dios judeo-cristiano en el cual te han educado por puro accidente y así vengas a preguntarme qué ocurre si me equivoco. ¿Qué ocurre si tú te equivocas acerca del gran Yuyu en el fondo del mar?”

El ateo está obligado creer que las demás religiones están erradas.

Parte de la respuesta a esta “acusación” la dio Clive Staples Lewis, que era un ex-ateo y entendía la superficialidad de esta visión. “Si alguien es cristiano, no necesita creer que todas las otras religiones están equivocadas de principio a fin. Un ateo sí tiene que creer que el punto central de todas las religiones del mundo es simplemente un gran error. Si se es cristiano, se es libre de pensar que todas las religiones, incluso las más extrañas, contienen al menos un indicio de la verdad. Cuando yo era ateo, tenía que persuadirme de que la mayoría de la raza humana siempre ha estado equivocada en aquello que le importa más; cuando me hice cristiano, mi perspectiva se amplió”, -escribió en su libro: “Mero Cristianismo”-.

La otra parte de la respuesta consiste en señalar que hay muchas personas que tienen una fe religiosa que no es fruto del “dios en el que te han educado por puro accidente”. Para empezar, los países de cultura judeo-cristiana no lo son “por puro accidente”. Lo son porque miles y miles de personas se entregaron como misioneros, evangelizaron, bautizaron, predicaron, murieron como mártires, levantaron hospitales y escuelas, exploraron territorios salvajes, negociaron con pueblos desconocidos, tuvieron hijos, les transmitieron la fe, emigraron en duras condiciones, consagraron sus vidas a la misión, copiaron y tradujeron los textos bíblicos y sobrevivieron a las persecuciones… Todo eso requirió mucho esfuerzo, sangre, compromiso y voluntad: no fue “puro accidente”.

Fe no geográfica.

La fe no es “geografía”, aunque tiene mucho de demografía. Los territorios no tienen religión: la religión la viven las personas y la llevan con ella. En Arabia Saudí está prohibido predicar el Evangelio Cristiano, pero viven allí más cristianos que nunca, cientos de miles de ellos, que son inmigrantes de Filipinas, India u otros países árabes. Y en la católica España, uno de los nombres mayoritarios de bebés es “Mohamed”. Los musulmanes tienen más hijos que los agnósticos o católicos sociológicos.

Si exceptuamos algún vikingo católico muerto quizá en las costas canadienses en la Edad Media, antes de 1492 no había en América nadie de cultura judeocristiana. Hoy hay 953 millones de personas en este continente, y el 99% son de cultura judeo-cristiana. No fue por “puro accidente”, sino porque muchos se esforzaron demasiado para que así fuese.

Ateos terminan cristianos.

Por otra parte, los hijos de los ateos en EEUU suelen hacerse cristianos. Una revisión de los datos del Pew Forum de 2008 sobre religión en Estados Unidos, realizada recientemente por el blog especializado en socio-estadística religiosa Nineteensixty-four.blogspot.co.uk, revela que sólo un 30% de los que fueron educados como ateos en su infancia y adolescencia se mantienen como tales en su vida adulta. Es decir, los padres que educan a sus hijos en el ateísmo deben esperar que lo abandonen al crecer, en un 70% de casos.

Pero, ¿a dónde van esos ex-ateos? Al crecer, el 30% de los que eran ateos en su infancia se hacen protestantes: un porcentaje impresionante. Uno de cada diez niños ateos, al crecer se hace católico. Un 2% se hace judío (lo más común es que sean mujeres que se casan con judíos). Y, un 1% se hace mormón y otro 1%, pagano. El resto, se suma a los “nones” (no religiosos, pero que no se declaran ateos).

Pero, si no es “puro accidente”, como dogmatizaba Dawkins, ¿qué mueve a los conversos? Un libro único, recientemente publicado, que responde a esto es “Conversos modernos a micrófono abierto” (Editorial: Buena Tinta), del periodista y escritor catalán Jacinto Peraire Ferrer.

Conversos modernos a micrófono abierto”, es un texto único, porque recoge 350 testimonios en apenas 320 páginas. Le dedica a cada uno 4 párrafos, le permite a cada declarante decir con sus propias palabras un par de frases clave (“el micrófono abierto”) y, sobre todo, los clasifica en categorías.

Al dogma: “usted es cristiano por puro accidente”, la clasificación de categorías responde, hay gente que se hizo cristiana porque:

Tuvo una conversión sobrenatural, de golpe, inesperada, como Pablo de Tarso en el Camino de Damasco, hay otros 11 ejemplos, entre ellos el del filósofo Manuel García Morente y la escritora María Vallejo-Nájera.

Vivía en el comunismo, el agnosticismo y el ateísmo y no le llenaban, pero algo le llevó a la trascendencia y a Dios, reseñan otros18 casos, incluyendo el político Aldo Brandirali, la bisnieta de la Pasionaria, Anna Biriukov, el rico banquero Oliver Sachs, la hija de Stalin, Svetlana; el ex-marxista Gerard Daly y el escritor Vittorio Messori -que escribió su testimonio en su interesante libro: “Por qué creo”-.

No hay “puros accidentes”: hay historias, hay descubrimientos y comprobaciones, hay extrañas coincidencias providenciales, pero inexorable y necesariamente hay un Autor: DIOS, que no tiene fronteras.



(Adaptación de Noticia Cristiana por
Fabio Humberto Molano Olmos)
Bogotá D.C. mayo 14 de 2014




Adenda:

El pasado lunes 12 de mayo en una homilía en el Vaticano, el papa de los católicos, Francisco dijo: “Si, por ejemplo, mañana una expedición de marcianos viene aquí y uno dice: ‘Quiero ser bautizado’, ¿Qué pasaría? Marcianos, ¿verdad? Verde, con largas narices y orejas grandes, como en los dibujos de los niños”. “¿Quiénes somos para cerrar las puertas?”  [sic]

Como ha variado la postura del Vaticano respecto a la vida fuera del planeta Tierra, al principio ni si quiera admitieron la existencia de otros mundos habitables, ahora parece que ante la poca fe de muchos humanos que desertan por millares de sus filas, se están viendo obligados a contemplar la posibilidad de conquistar almas extraterrestres.